miércoles, 4 de junio de 2025

Possession (1981)

D: Andrzej Zulawski.

I: Isabelle Adjani, Sam Neill.

Isabelle Adjani y Sam Neill. Fuente: imdb.com

Se ha repuesto en la cartelera cinematográfica, previa remasterización en 4K de los negativos fílmicos originales, la película de Andrzej Zulawski de 1981. A pesar de los años transcurridos, su rodaje ascético y saturado de nerviosos planos secuencia con steadicam, ambientado en el entorno desintegrado del Berlín de los últimos años de la guerra fría, conserva el impacto de tensión enervada, a mitad de camino entre lo onírico y lo surrealista, en un espiral demente de infidelidad, celos, obsesión, desesperación y locura.

Zulawski monta su Infierno tan temido personal. Pero allí donde Onetti suicida a un Risso incapaz de afrontar la herida del abandono amoroso y el chantaje sexual, Zulawski mete al Mark de esta historia en el torbellino desquiciado de un pasaje a la esquizofrenia, un abismo sin fondo en donde se multiplican la angustia, el horror, la violencia, el odio, el desenfreno, el deseo sexual, la tortura.

Para 1981 Zulawski había edificado cierto prestigio, en parte por mérito propio y en parte por integrar la deslumbrante generación de cineastas polacos censurados y expatriados por el régimen (Wajda, Polanski, Kieślowski, Zanussi). Los intérpretes seleccionados para la película fueron una joven pero ya consagrada Isabelle Adjani, que a esas alturas había trabajado a las órdenes de Truffaut, Téchiné y Herzog (entre otros); y Sam Neill, que venía construyendo trabajosamente su carrera ascendente. Ambos entregan interpretaciones de una exigencia suprema (Adjani declaró que nunca volvería a aceptar ese papel). Las actuaciones son tan extremas que uno se pregunta si es posible salir indemne de ellas: Zulawski parece haberlos sometido al mismo proceso de destrucción que a sus personajes, a la desmesura de una trama con todos los excesos imaginables. Y con talento caníbal capta, cámara mediante, cada gota de la angustia que transpiran.

La película no es para todos los estómagos, especialmente porque escapa a los rótulos y a cualquier convención de género. Quien espere encasillarla en alguno de esos tópicos saldrá defraudado. A medida que se sumerge en las tinieblas más oscuras recurre a los recursos que sean necesarios: lo que comienza como el drama pasional de una ruptura de pareja pasa rápidamente a la tragedia surreal, al coqueteo con el terror, al arsenal del cine gore. No se ahorran sangre ni fluidos en tanto resulten funcionales a la solidez del relato.

Isabelle Adjani, presa del deseo y la obsesión paranoide. Fuente: imdb.com

Pero todo está realizado con tal maestría que la creatividad, originalidad y potencia del mensaje no se resienten. El guion progresa hacia la locura de manera despiadada y por pasos sucesivos, pero el descontrol que va deshilachando la trama está sutilmente regulado, y mantiene una consistencia y un ritmo implacables. El universo delirante y desconcertante a cada paso exige que el espectador se someta sin prejuicios ni referencias a las extorsiones de un realizador torturador y torturado.

Una experiencia extrema en varios sentidos, por momentos agobiante, pero al mismo tiempo plena de una belleza deslumbrante.



 


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