sábado, 13 de septiembre de 2025

Babygirl (2024)


D.: Halina Reijn

I.: Nicole Kidman, Harris Dickinson, Antonio Banderas

Fuente: https://www.them.us/story/nicole-kidman-babygirl-pup-kinks-and-desires

Algunos definirán a Babygirl como un thriller erótico y otros como una película de tesis. Ambos tendrán su parte de razón.

Desde el título, la ambigüedad del término Babygirl, en su acepción tradicional y en la jerga de redes anglosajona, habla de una subversión que se extiende y amplifica en el desarrollo del argumento, hasta colonizarlo todo, más allá de los roles de género.

El enredo entre la ejecutiva madura y madre de familia, y el joven pasante de su compañía, apunta a la ratonera que despierta una relación que traspasa los límites (de edad, de abuso de posición dominante, del contrato matrimonial). Pero es una argucia para arrastrar al espectador a un planteo menos seguro y más inquietante.

La promesa del thriller se sostiene en una intriga, todo el tiempo en fuga hacia adelante, sobre la atracción irresistible del vacío. El retardamiento del suspenso se hace más efectivo en tanto quien asiste al filme se pregunta hasta dónde llegará la protagonista Romy arriesgándolo todo (carrera, familia y consideración social) por una relación física fuera de control.

Pero lo que se presenta como un choque de pequeñas perversiones íntimas salidas de madre rotan a una consideración diferente en la medida en que la trama va mutando a un punto de vista más abierto.

La protagonista es todo lo que la carrera social heredada del siglo XX considera meritorio: laboralmente exitosa, felizmente casada y familiarmente productiva. Por si no quedara suficientemente claro, habita ese mundo estructurado al frente de una compañía que aplica la robotización a los procesos.

Lo que le atrae de su antagonista amoroso Samuel es la transgresión de las reglas de una generación mucho más líquida, para la que desafíarlas no se limita al regodeo morboso en lo prohibido. En cambio, los permisos se abren para cumplir las fantasías libremente, sin el corsé de lo permitido. Ese mundo desarticulado, en donde todo está suelto, donde ninguna de las convenciones heredadas sirve, donde las relaciones de poder pueden darse en cualquier sentido diferente del vertical descendente y ejercerse indistintamente como parte del juego o como activo real para condicionar a terceros, en donde lo políticamente correcto ya no es relevante, es lo que tensiona a Romy hasta el límite.

Carnadura del nuevo "capitalismo social” que caracteriza nuestro tiempo, las relaciones de dominio regulan las vidas de una manera plástica y cambiante, localizando los puntos débiles del contrario y utilizándolos en frecuencia baja: no como síntoma de una patología, sino como pieza de un juego cuyo disfrute consiste, en parte, en desarmar lo establecido. El cumplimiento de las fantasías y la satisfacción del placer no son tributarios de un mundo esclerosado, de categorías rígidas y compartimentos estancos.

Jugar todo el tiempo, en una sociedad en la que el juego tiene su lugar acotado dentro de la caja de herramientas, sin tener en cuenta otra cosa que el propio interés, puede parecer egoísta en extremo, pero mucho más si es mirado desde la moral tradicional de la norma social establecida. Las fidelidades y compromisos son considerados de otra manera desde un punto de vista alternativo, que renuncia a los deberes impuestos por la sociedad (corrección política, identidad sexual determinada, relación familiar piramidal).

En ese ámbito acartonado también resultan artificiosos e igualmente vacuos tanto el discurso feminista estereotipado como el machirulismo retrógrado (encarnados hacia el final de la película respectivamente por la asistente de Romy, Esme, y su superior, Missel)

La dirección de la neerlandesa Halina Reijn construye con seguridad sobre un guión que también le pertenece, y saca partido de las convenciones del género de suspenso para llevar al espectador al terreno que quiere. Kidman ha cosechado tres premiaciones como actriz (la principal en el festival de Venecia) y realmente lo merece: pone el cuerpo (más allá de las escenas tórridas) asumiendo los riesgos que reclama su personaje.

Una película más que interesante, que habilita reflexiones sobre la sociedad contemporánea. Se puede ver en Prime.

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