viernes, 13 de febrero de 2026

Hamnet (2025)

D: Chloé Zao

I: Jessie Buckley, Paul Mescal, Jacobi Jupe

 

Fuente: imdb.com

Antes de arrancar: Hamnet no es una película biográfica sobre Shakespeare y su familia. Es más: el retrato de Shakespeare posiblemente no tenga nada que ver con el individuo histórico. Nada, en la escasa (y débil) noticia biográfica existente sobre el bardo, sugiere ese carácter ni esa relación hogareña.

Y es que el Shakespeare histórico parece estar hecho “de la misma materia que los sueños”, parafraseando a su Próspero de La tempestad. Es tan poco y tan equívoco lo documentado que su vida parece igual de evanescente que muchos pasajes de sus obras. Y por lo tanto se presta, como un elemento más de su arte, a todo tipo de inventivas y fantasías, entreveradas con sus creaciones.

Es cierto que su esposa se llamaba Anne o Agnes, que tuvo tres hijos y que el varón, Hamnet, murió a la edad de once años. Es casi todo lo que se puede afirmar que hay de fidedigno en la película, junto al hecho de que interpretó al Espectro del rey muerto en la representación de su Hamlet.

Ante semejante vacío de información, ¿cómo resistirse a la tentación de imaginar el motivo por el cual dotó al protagonista de su obra máxima con el nombre de su hijo muerto? (Hamnet y Hamlet se usaban indistintamente como variantes de un mismo nombre en la época, como veremos luego.)

Fuente: imdb.com

Es una pregunta que ha intrigado a los estudiosos de su obra desde siempre (cabe aclarar que también se ha cuestionado la autoría de sus piezas –en una época en que los derechos de creación no existían, y en el teatro menos todavía). Inclusive hasta James Joyce, en el episodio 9 de su Ulysses, pone en boca de Stephen Dedalus su sentencia lapidaria: en el escenario, es Shakespeare “diciendo sus propias palabras al nombre de su propio hijo”. Otras autoridades en la materia, y fuera de la ficción, como Harold Bloom, lo respaldan: “Shakespeare, haciendo el papel del Espectro en 1601, se dirige a lo que tal vez esperaba que hubiera sido su propio hijo Hamnet al borde de la madurez”.

Lo que pareciera seguro es que Maggie O’Farrell, la autora de la novela en la que se basa la película, reparó en aquel juicio de Joyce. Y como respecto a Shakespeare todo es niebla, imaginó, con total libertad, una historia maravillosa.

No existió en Shakespeare la voluntad de asignar el nombre a su personaje en homenaje a su hijo. De hecho, el argumento de Hamlet, como los de todas las obras de Shakespeare, no es original. Está tomado de la saga danesa de Amleth, de la temprana Edad Media, transcripta por Saxo Grammaticus en el siglo X. Como supone Bloom, posiblemente el hijo se llamó así por el amigo de Shakespeare, Hamnet o Hamlet Sadler: “todos los Hamnet o Hamlet se llamaban así en última instancia por el legendario Amleth, como el libresco joven Shakespeare debía saber”.

Un autor francés, François de Belleforest, había rescatado la leyenda de Amleth en 1572, cuando Shakespeare tenía apenas ocho años. Y hay una versión temprana en teatro que se ha perdido, y que los estudiosos denominan Ur-Hamlet, escrita alrededor de 1588, cuando el pequeño Hamnet tenía cuatro años, en los llamados años perdidos de Shakespeare, ya que no hay rastros de dónde estuvo ni por qué se trasladó a Londres. La autoría del Ur-Hamlet está disputada entre quienes dicen que le pertenece y quienes dicen que no.

La versión que nosotros conocemos de Hamlet es de 1601. Para entonces, Hamnet Shakespeare llevaba cuatro años muerto.

Fuente: imdb.com

Todo lo anterior para poder hablar con propiedad de Hamnet, que se propone crear una historia propia, en la Inglaterra rural del siglo XVI, donde imagina que todavía resistían relaciones ancestrales de unión con la naturaleza; sin creencias sobrenaturales. Esa es la esencia de Agnes: saberes transmitidos de un animismo primal, hecho de fórmulas propiciatorias dirigidas a los elementos –animales, plantas y minerales–, no a dioses.

Fuente: imdb.com

Ese ambiente feérico, de magia natural, se cruza con el proto espíritu renacentista de Shakespeare, equivalente en su escepticismo religioso, en su lazo férreo con la vida y sus condiciones.

El resultado es una historia fascinante de amor, de vida y de muerte en su más descarnada plenitud.

La directora Chloé Zao, que coescribió con la propia O’Farrell el guion, supo traducir la idea en imágenes que dan cuenta, a un tiempo, de un mundo real y surreal, donde todo está conectado al nivel de la materia: lo visible y lo invisible, lo azaroso y lo lógico, lo lúdico y lo trágico.

Fuente: imdb.com

Las imágenes son de una belleza delicada, sin estridencias, y la directora maneja los encuadres y la cámara con una soltura solvente y silenciosa. El nervio de la edición sostiene con mano firme momentos de tremenda intensidad, de los que consigue el mejor resultado.

La actuación de la protagonista, Jessie Buckley, es sólida con creces en todos sus registros, y carga sobre sí los momentos más conmovedores dotándolos de una verosimilitud difícil de alcanzar. Paul Mescal compone con firmeza e inspiración la humanidad de su personaje. Las actuaciones son de pareja concentración, y las de los niños, especialmente de Jacobi Jupe, son directamente pasmosas.

Fuente: imdb.com

La fotografía y la banda sonora colaboran a una composición poética de altísimo vuelo.

Lejos de productos que abrevan en el prestigio reconocido de una figura histórica como reaseguro de taquilla, Hamnet es un cuento singular, en el que los nombres célebres invocados son casi un accidente, o quizá, en todo caso, no la causa sino el resultado de un encantamiento que los antecede y los sobrevive.

Si van a verla, olvídense de Shakespeare. Disfruten de Hamnet.

 

 

Sinners (2025)

 D: Ryan Coogler I: Michael B. Jordan, Jack O’Connell, Hailee Steinfeld, Delroy Lindo Fuente: imdb.com Que Sinners haya marcado un récord...