martes, 3 de septiembre de 2024

Kinds of Kindness (2024)

D: Yorgos Lanthimos

I: Emma Stone, Jesse Plemons, Willem Dafoe, Margaret Qualley, Hong Chau

Fuente: searchlightpictures.com

Son tres episodios desligados que componen un continuo. La delicadeza exponencial que sugiere el juego de cajas chinas del título se deshace pronto en la trama de cada uno de los cuentos que conforman la película.

La levedad de las gentilezas aludidas refiere a la fragilidad humana: seres vulnerables, siempre al borde de sus posibilidades y de sus expectativas, viviendo en el límite de sí, aun en contra de sus intenciones.

El filme de Yorgos Lanthimos, a despecho del desafío de superar obras anteriores, explora el inestable equilibrio de la vida, expuesta a la violencia física y emocional, la ferocidad de las relaciones que vinculan a las personas, el dominio ejercido por unos sobre otros. Con su necesario abanico de secuelas distorsivas: dependencia, angustia, miedo, locura, sumisión, misticismo fanático y extraviado. Los caracteres de las historias resultan criaturas quebradizas, balbuceantes, que tantean a ciegas en la oscuridad de sus vidas.

El elenco principal (Stone, Dafoe, Plemons, Qualley, Chau) se repite en cada parte del tríptico pero abordando personajes diferentes que, sin embargo, guardan una marcada correlación. Los principales (Stone y Plemons) comparten una dinámica protagónica que se desplaza, de episodio en episodio, de la caracterización masculina (regida la seguridad de las reglas) a la femenina (tributaria de la liquidez de las intuiciones). Así, en el primer segmento el personaje de Plemons soporta casi todo el peso de la centralidad, y el de Stone tiene un carácter, si bien determinante, periférico. En el relato central se equilibran las cargas y en el final se atenúa la presencia de Plemons y es Stone quien progresivamente se apropia del centro de la escena.

Los secundarios, por el contrario, orbitan alrededor y estabilizan cierta continuidad oblicua remitiendo a figuras de referencia. Dafoe encarna el poder, el padre y el pontífice. Qualley y Chau intercambian roles de vestales u objetos de deseo en el primer y último segmento, y en el central, con la figura del padre desposeído, fungen como agentes contenedores.

Alrededor de esta geometría se organizan los mundos imaginarios de la obra, con seres asimilables a realidades distópicas pero profundamente humanos en su condición desequilibrada, al borde de la deflagración física y emocional.

El tema del doble atraviesa toda la película como una posibilidad inquietante, una sospecha permanente, una existencia entrevista y perseguida cuya develación plena siempre se escapa. Del mismo modo la muerte se plantea como un territorio ambiguo, al que se puede ir o del que se pretende volver, con la consiguiente carga de misterio. El ámbito hospitalario recurrente, las morgues, las presencias multiplicadas de profesionales de la salud, los cortes, las mutilaciones que llegan al extremo de la autoablación, hablan de cuerpos tan frágiles como los estados psíquicos que encarnan.

Aunque lo anterior pareciera sugerir complejidades en el abordaje expresivo, la obra puede verse perfectamente como una película de aventuras en el terreno de lo extraño, con un tratamiento ágil y desacartonado, con toques de humor y de ironía, con momentos de vértigo, de suspenso, de horror, de sexo. La segmentación en historias independientes desmonta en parte el lastre de las casi tres horas que insume el visionado. En su originalidad, las tramas nunca permiten deducir un cauce previsible, o predecible, lo que hace a uno de los mayores logros del filme. Por lo demás, el criterio de Lanthimos de utilizar la pantalla como un lienzo proporciona el disfrute de encuadres, movimientos y tratamiento de colores, y la utilización eficiente del sonido, con recursos que recuerdan (o incluso pueden interpretarse como un tributo) a Kubrick, es un elemento clave en la estética de la obra. Las actuaciones son resaltables, algo también habitual en las obras de este director.

Por su espíritu escurridizo, enmascarado con instancias de suspenso y un humor negro que llega a lo escalofriante, las reacciones son diversas, en muchos casos desconcertadas. Si sólo se aprecian virtuosismos, efectismos o recursos narrativos, efectivamente uno puede sentirse frustrado. Pero la propuesta tiene bastantes más cosas que ofrecer relajándose y disfrutando.





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