D: Yorgos Lanthimos
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| Fuente: searchlightpictures.com |
Son tres
episodios desligados que componen un continuo. La delicadeza exponencial que
sugiere el juego de cajas chinas del título se deshace pronto en la trama de
cada uno de los cuentos que conforman la película.
La levedad de
las gentilezas aludidas refiere a la fragilidad humana: seres vulnerables,
siempre al borde de sus posibilidades y de sus expectativas, viviendo en el
límite de sí, aun en contra de sus intenciones.
El filme de
Yorgos Lanthimos, a despecho del desafío de superar obras anteriores, explora el
inestable equilibrio de la vida, expuesta a la violencia física y emocional, la
ferocidad de las relaciones que vinculan a las personas, el dominio ejercido por
unos sobre otros. Con su necesario abanico de secuelas distorsivas: dependencia,
angustia, miedo, locura, sumisión, misticismo fanático y extraviado. Los caracteres
de las historias resultan criaturas quebradizas, balbuceantes, que tantean a
ciegas en la oscuridad de sus vidas.
El elenco principal
(Stone, Dafoe, Plemons, Qualley, Chau) se repite en cada parte del tríptico
pero abordando personajes diferentes que, sin embargo, guardan una marcada
correlación. Los principales (Stone y Plemons) comparten una dinámica protagónica
que se desplaza, de episodio en episodio, de la caracterización masculina (regida
la seguridad de las reglas) a la femenina (tributaria de la liquidez de las
intuiciones). Así, en el primer segmento el personaje de Plemons soporta casi
todo el peso de la centralidad, y el de Stone tiene un carácter, si bien determinante,
periférico. En el relato central se equilibran las cargas y en el final se
atenúa la presencia de Plemons y es Stone quien progresivamente se apropia del
centro de la escena.
Los secundarios,
por el contrario, orbitan alrededor y estabilizan cierta continuidad oblicua remitiendo a figuras de referencia. Dafoe encarna el poder, el padre y el
pontífice. Qualley y Chau intercambian roles de vestales u objetos de deseo en
el primer y último segmento, y en el central, con la figura del padre
desposeído, fungen como agentes contenedores.
Alrededor de
esta geometría se organizan los mundos imaginarios de la obra, con seres asimilables
a realidades distópicas pero profundamente humanos en su condición desequilibrada,
al borde de la deflagración física y emocional.
El tema del
doble atraviesa toda la película como una posibilidad inquietante, una sospecha
permanente, una existencia entrevista y perseguida cuya develación plena siempre
se escapa. Del mismo modo la muerte se plantea como un territorio ambiguo, al
que se puede ir o del que se pretende volver, con la consiguiente carga de
misterio. El ámbito hospitalario recurrente, las morgues, las presencias
multiplicadas de profesionales de la salud, los cortes, las mutilaciones que
llegan al extremo de la autoablación, hablan de cuerpos tan frágiles como los
estados psíquicos que encarnan.
Aunque lo
anterior pareciera sugerir complejidades en el abordaje expresivo, la obra puede
verse perfectamente como una película de aventuras en el terreno de lo extraño,
con un tratamiento ágil y desacartonado, con toques de humor y de ironía, con
momentos de vértigo, de suspenso, de horror, de sexo. La segmentación en
historias independientes desmonta en parte el lastre de las casi tres horas que
insume el visionado. En su originalidad, las tramas nunca permiten deducir un
cauce previsible, o predecible, lo que hace a uno de los mayores logros del
filme. Por lo demás, el criterio de Lanthimos de utilizar la pantalla como un
lienzo proporciona el disfrute de encuadres, movimientos y tratamiento de
colores, y la utilización eficiente del sonido, con recursos que recuerdan (o incluso
pueden interpretarse como un tributo) a Kubrick, es un elemento clave en la
estética de la obra. Las actuaciones son resaltables, algo también habitual en
las obras de este director.
Por su espíritu escurridizo, enmascarado con instancias de suspenso y un humor negro que llega a lo escalofriante, las reacciones son diversas, en muchos casos desconcertadas. Si sólo se aprecian virtuosismos, efectismos o recursos narrativos, efectivamente uno puede sentirse frustrado. Pero la propuesta tiene bastantes más cosas que ofrecer relajándose y disfrutando.

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