martes, 9 de diciembre de 2025

Die my love (2025)

D: Lynne Ramsay

I: Jennifer Lawrence, Robert Pattinson, Sissy Spacek, Nick Nolte.

Fuente: imdb.com

Cuando una película provoca críticas tan desmesuradamente dispares, es porque algo hay. Cierto nivel de desconcierto matiza a partes iguales amores y odios.

Lo que la película de Lynne Ramsay recupera centralmente de la novela de Ariana Harwicz es la inasibilidad de su escritura. Y en esos términos se independiza, aún cuando el discurrir del filme asuma rigurosamente la linealidad del relato escrito.

La obra de Harwicz sobre el aburrimiento en la angustia aplastante de una vida de noria; el desasosiego intrascendente de cada día (Hannah Arendt podría haber hablado de la banalidad de la desesperación) escapa todo el tiempo de referencias; no hay nombres propios (ni para personajes, ni para lugares, ni para momentos) y es el monólogo interior de una primera persona que se desquicia progresivamente. Por el contrario, la película está situada, con personajes que tienen nombre pero no reflexionan ni meditan, ni parecen moverse más que por impulsos. Así, el filme calca una trama que es en sí misma un océano de significaciones, y al mismo tiempo edifica su propio universo. La polisemia del texto original se dispara y distorsiona. La multiplicidad de sentidos haría las delicias de Barthes y Eco.

Para muestra basta un botón: existe una considerable distancia entre el Matate, amor del título literario, y el Die my love del cinematográfico, de intenciones y poética muy diferentes. ¿Kill yourself hubiera sido más fidedigno? Arduo de decidir, vista la igualmente remota relación del original con el Mátate, amor que se eligió para título latino del filme: cualquier argentino conoce el significado, bastante lejos de la literalidad, que entraña la expresión matate en el habla coloquial local.

En su propia constelación de señales y símbolos de lectura difusa la película se va armando con una mezcla de sensorialidad e interioridad, sin instrucciones ni códigos. Si esto es lo que se espera cuando se va al cine, esta es la película.

La dirección es sobria, sigue a los personajes y cuenta lo que tiene que contar. Hay un predominio de colores fríos pero sin énfasis ni saturación, apenas dando un toque a los ambientes que aprisionan la pasión protagónica, y la banda de sonido sirve a la inquietud exasperada de la trama.

Los papeles son exigentes, especialmente para Lawrence, que compone con acierto el querer ser sin saber bien qué de su personaje. Con economía de recursos, Pattinson dota al suyo de una sorprendente complejidad. La inclusión de Sissy Spacek, eterna referencia de su Carrie con final de fuego, quizá no sea inocente en esta película sobre una conciencia en llamas; en todo caso, el sonambulismo de su personaje alude al lado salvaje y a la intranquilidad que dormitan, como brasas bajo la ceniza, aún en los espíritus más domesticados.

Die my love es una película dirigida con mano segura para ejecutar una idea clara. Trazar paralelos con la novela puede ser un ejercicio lúdico hasta cierto punto, pero inevitablemente necesita ser abordada como obra autónoma, que dibuja caminos propios para fugar hacia su bosque mental incandescente.


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